La organización ecologista Greenpeace publicó el 20 de noviembre de 2025 un informe que pone en evidencia que un número importante de prendas comercializadas por la plataforma de moda rápida Shein contienen sustancias químicas peligrosas en niveles que superan los límites establecidos por la Unión Europea.
De acuerdo con el análisis, de las 56 prendas y zapatos adquiridos en ocho países para la investigación, 18 (equivalente al 32 %) “contenían sustancias químicas peligrosas que superan los límites establecidos por el reglamento REACH de la UE”.
Entre los hallazgos destacan:
- Siete prendas —todas chaquetas— superaban los niveles permitidos de PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) hasta 3 300 veces lo permitido.
- Catorce artículos sobrepasaron los límites para ftalatos, seis de ellos en más de cien veces lo estipulado por la normativa.
- En España, de las cuatro prendas analizadas, una excedió en más de 600 veces los niveles permitidos para PFAS.
Greenpeace advierte que estos compuestos —utilizados como impermeabilizantes, antimanchas, plastificantes o en acabados textiles— son “persistentes” en el medio ambiente y se relacionan con enfermedades como distintos tipos de cáncer, trastornos del desarrollo sexual y de crecimiento infantil, así como debilitamiento del sistema inmunitario. Asimismo, señala el riesgo de exposición para personas que utilizan esas prendas: “La entrada en el organismo puede producirse a través de la piel o por inhalación de fibras … Incluso chupando los tejidos, en el caso de los niños/as más pequeños”.
La investigación también pone en cuestión el cumplimiento de los compromisos anunciados por Shein. La empresa había comunicado en 2024 la introducción de una lista de sustancias restringidas (MRSL) y que había realizado más de dos millones de pruebas, además de excluir a 260 proveedores por incumplimientos. Sin embargo, según Greenpeace, “estos resultados sugieren que esas medidas no están funcionando. Los productos de Shein siguen conteniendo sustancias químicas peligrosas por encima de los límites establecidos por la UE”.
Según el informe, parte del problema se explica por vacíos legales que la empresa aprovecha: al enviar directamente desde vendedores externos a consumidores en la Unión Europea, puede eludir las obligaciones del reglamento REACH, lo cual permite que “priorice el beneficio sobre la salud y el medio ambiente”.
Finalmente, Greenpeace hace un llamado a las autoridades europeas para establecer regulaciones más estrictas contra la moda rápida y exige una ley que incluya medidas como un impuesto a esa modalidad de producción, la prohibición de publicidad de “ultra fast fashion” y la obligación de una economía circular textil.
En resumen, el estudio revela una situación preocupante: la circulación de prendas con niveles muy elevados de sustancias químicas peligrosas en un mercado globalizado con normas de cumplimiento difícil, lo cual plantea interrogantes sobre la seguridad del consumidor, la regulación de plataformas digitales de venta de moda y el impacto medioambiental de la producción acelerada de ropa.
